James Johnson vuelve a Indiana. El veterano alero de 39 años ha acordado un contrato de pretemporada sin garantías con los Pacers, según informó Jake Fischer (The Stein Line). Johnson ya participó en el mini-campo de jugadores que el equipo organizó en Nashville la semana pasada.
Con 16 temporadas en la NBA y experiencia en diez equipos desde su elección en el puesto 16 del draft de 2009, Johnson promedia 7.4 puntos, 3.5 rebotes y 2.0 asistencias en 786 partidos. Sin embargo, desde 2022 su valor para Indiana se ha centrado más en su presencia en el vestuario que en sus estadísticas, con un papel testimonial en pista: apenas 39 partidos y 246 minutos totales entre 2022 y 2025, incluyendo cinco apariciones durante la carrera hasta las Finales de la NBA en 2025.
El jugador manifestó el verano pasado que no tiene intención de retirarse, aunque la temporada pasada no tuvo hueco en la plantilla de los Pacers y lleva fuera de la liga desde que expiró su contrato el 30 de junio de 2025.
Su continuidad en la temporada regular no está garantizada, ya que Indiana tiene un margen salarial limitado y 14 jugadores con contrato garantizado. A partir del 5 de noviembre, los Pacers podrán completar su plantilla con un contrato mínimo prorrateado, por lo que Johnson podría reaparecer más adelante en el curso. Ya tiene experiencia en este sentido, pues en la temporada 2023-24 firmó cuatro contratos distintos con Indiana entre diciembre y febrero.
La trayectoria de Johnson refleja el valor que puede tener un jugador para una franquicia más allá de sus números en la pista.
Por qué una primera ronda sin protección ya no vale lo que valía: el nuevo sistema antitanking cambia las reglas del juego
Este verano se han traspasado un total de ocho primeras rondas de draft completamente sin protección — una cifra que, a primera vista, sugeriría que este tipo de activo sigue siendo tan codiciado como siempre en las negociaciones de traspaso. Según el análisis de Chris Dempsey (DempsAndCircumstance.com), sin embargo, la realidad es la contraria: el valor real de una primera ronda sin protección se ha visto reducido de forma significativa, y el motivo no tiene que ver con el mercado, sino con un cambio de reglas que la mayoría de aficionados todavía no ha terminado de asimilar.
El nuevo sistema «3-2-1», explicado
El pasado 28 de mayo, la Junta de Gobernadores de la NBA aprobó por 29 votos a 1 una reforma integral del sorteo de draft, diseñada específicamente para combatir el tanking. El nuevo sistema, conocido informalmente como «3-2-1» por el número de bolas de lotería que recibe cada franquicia, amplía el sorteo de 14 a 16 equipos y aplana drásticamente las probabilidades: los tres peores equipos de la liga caen en lo que se ha bautizado como «zona de relegación», recibiendo solo dos bolas cada uno — apenas un 5.4% de opciones de conseguir el pick número 1, con la posibilidad real de caer hasta el puesto 12. Los siguientes siete peores equipos reciben tres bolas cada uno (8.1% de opciones al número 1), mientras que los perdedores del Play-In completan el resto del sorteo con una o dos bolas, según el cruce.
El sistema añade además dos restricciones que se aplican incluso a picks ya traspasados: ningún equipo puede ganar el pick número 1 dos años seguidos con su propia selección —una norma retroactiva que, por ejemplo, impide a Washington Wizards repetir el número 1 en 2027 después de haberlo ganado en 2026—, y ninguna franquicia puede tener una elección top-5 durante tres años consecutivos, con efecto retroactivo hasta el draft de 2025.
La consecuencia directa: menos garantías, menos valor
Aquí está la clave que explica el análisis de Dempsey: antes de esta reforma, el pick sin protección de un equipo verdaderamente malo tenía una probabilidad muy alta de acabar siendo una elección de las primeras cuatro — un activo de valor prácticamente garantizado. Con el sorteo aplanado a 16 equipos y las nuevas restricciones de repetición, esa garantía ha desaparecido: incluso el peor equipo de la liga puede terminar cayendo hasta el puesto 12, muy lejos del rango que solía justificar el verdadero valor de una primera ronda sin protección en cualquier negociación.
El propio Dempsey reconoce que gran parte de la actividad de traspasos de este verano —con varios jugadores de altísimo perfil moviéndose de equipo, operaciones que habitualmente exigen entregar capital de draft de primer nivel— explica por qué se han seguido traspasando tantas primeras rondas sin protección pese a esta devaluación. Pero su conclusión de fondo es clara: aunque estos activos siguen siendo valiosos, ya no representan la apuesta de valor prácticamente asegurado que eran antes de la reforma — un cambio de fondo que los propios directores generales de la liga todavía están aprendiendo a valorar correctamente en sus negociaciones.
Metodología: producción de la temporada 2025-26, métricas avanzadas, y el contexto de equipo para 2026-27 — incluyendo los grandes movimientos de la offseason (traspasos, fichajes) y el estado real de las vueltas de lesión.
1. Shai Gilgeous-Alexander (OKC)
Shai Gilgeous-Alexander revalidó el MVP por segunda temporada consecutiva, con 83 de los votos de primer puesto posibles, un respaldo prácticamente unánime. Promedió 31.1 puntos por partido con un 55.3% de acierto en tiros de campo, cifras de eficiencia que rara vez se ven en un volumen de tiro tan alto. Lideró al Oklahoma City Thunder a un récord de 64-18, el mejor de toda la liga, pese a jugar buena parte del año sin Jalen Williams, su segundo mejor anotador. Sus métricas avanzadas respaldan el trofeo: un BPM de 11.7 y un VORP de 7.8, ambos entre los más altos de la competición. Es, además, uno de los pocos bases de la liga que defiende su posición a un nivel de All-Defense real, no solo un generador ofensivo. De cara a 2026-27, con su plantilla de vuelta a plena disposición, parte como máximo favorito a un tercer MVP consecutivo.
2. Luka Dončić (LAL)
Dončić terminó la temporada 2025-26 como máximo anotador de la liga, con 33.5 puntos por partido, generando además un alto volumen de asistencias para sus compañeros. Su BPM ofensivo de 8.0 fue el más alto de la liga entre los jugadores de mayor volumen de uso, un dato que confirma que su producción no vino a costa de la eficiencia del equipo. Este verano firmó una extensión de contrato a largo plazo con los Lakers, cerrando cualquier duda sobre su continuidad en Los Ángeles. Junto a él, Austin Reaves también renovó por 185 millones de dólares, manteniendo el núcleo ofensivo intacto. La gran novedad de cara a la temporada que viene es la llegada de Walker Kessler desde Utah en un sign-and-trade a cuatro años y 130 millones, el pívot dominante que Dončić llevaba tiempo pidiendo. Si Kessler se mantiene sano —se perdió casi toda la 2025-26 por una operación de hombro— los Lakers tienen argumentos para pelear el título de forma realista.
3. Cade Cunningham (DET)
Cunningham fue elegido para el All-NBA de Primer Equipo y terminó quinto en la votación de MVP, la confirmación definitiva de su salto a la elite de la liga. Su tasa de asistencia del 45.2% fue una de las más altas entre bases titulares, reflejo de lo mucho que Detroit depende de su capacidad para generar juego para el resto del equipo. Su BPM de 6.3 en temporada regular subraya un impacto que va mucho más allá del simple volumen anotador. En playoffs, pese a caer eliminado en siete partidos ante Cleveland, elevó su nivel de producción, con un BPM de 3.4 en la serie. Con apenas 25 años, su curva de progresión todavía no ha tocado techo, y lidera un proyecto de Detroit que fue de los mejores equipos de la liga durante buena parte de la primera mitad de temporada. De cara a 2026-27, es uno de los pocos bases de esta lista sin ninguna incertidumbre de salud, equipo o rol que empañe su proyección.
4. Jalen Brunson (NYK)
Brunson fue el MVP de las Finales de la NBA tras liderar a los Knicks a su título superando a los Spurs por 4 victorias a 1. Su punto culminante llegó en el Juego 5, con 45 puntos que establecieron un récord de anotación en unas Finales para la franquicia. A lo largo de la serie, lideró remontadas de dos dígitos en las cuatro victorias de Nueva York, una muestra de fiabilidad en el momento más exigente de la temporada que pocos bases de la liga pueden igualar. Su producción regular ya era de nivel All-NBA, pero es en el rendimiento bajo presión donde Brunson se separa del resto, combinando anotación clutch con capacidad de generar para compañeros como Towns, Bridges y Anunoby. El equipo campeón se mantiene prácticamente intacto de cara a 2026-27, así que Brunson entra en la temporada como el base más contrastado bajo presión de toda la liga, con el anillo que lo confirma.
5. Stephen Curry (GSW)
A sus 37 años, Curry jugó solo 43 partidos en la 2025-26, pero cuando estuvo en pista mantuvo un nivel de impacto que muy pocos bases de la liga alcanzan: un BPM de 5.4 y un 60.6% de sus intentos de tiro desde la línea de triple, una proporción altísima que confirma que su rol como amenaza exterior sigue intacto. Comparte vestuario con Jimmy Butler, que también jugó una temporada limitada (38 partidos) pero con una eficiencia enorme del 64.6% en tiros verdaderos, y con Draymond Green, todavía el organizador defensivo de Golden State. La gran pregunta de cara a 2026-27 no es su nivel —que sigue siendo de elite absoluta cuando juega— sino su disponibilidad, tras encadenar varias temporadas por debajo de los 50 partidos. Aun así, ningún base de la liga genera tanto peligro por posesión sin necesidad de manejar el balón constantemente, lo que lo hace único incluso a estas alturas de su carrera.
6. Tyrese Haliburton (IND)
Haliburton sufrió una rotura del tendón de Aquiles en el Juego 7 de las Finales de 2025 ante el Thunder, una lesión que le hizo perderse la totalidad de la temporada 2025-26. Sin él en la pista, Indiana se desplomó a un récord de 19-63, el segundo peor de toda la liga, una muestra clara de lo determinante que es para su equipo cuando está sano. Su recuperación se complicó además con un episodio de herpes zóster durante la rehabilitación, y el propio jugador ha reconocido que ha ganado peso durante el proceso. Pese a todo, las señales recientes son positivas: fuentes de la franquicia se muestran «extremadamente optimistas» de que esté disponible para el primer partido de la temporada, y el propio Haliburton ha declarado: «soy la fuente, estoy sano ahora mismo». Antes de la lesión era un base de nivel top-10 indiscutible, con un perfil de creación de juego que llevó a los Pacers hasta las Finales. La cautela en las expectativas de inicio de temporada es razonable, pero el techo de talento sigue estando entre los más altos de la liga.
7. Tyrese Maxey (PHI)
Maxey fue nombrado All-NBA de Tercer Equipo la pasada temporada, cargando con un uso ofensivo del 29.4% en una Philadelphia que dependió casi por completo de él mientras Joel Embiid apenas pudo disputar 38 partidos. Su BPM de 5.4 estuvo entre los más altos de la liga para un base de su perfil, la confirmación estadística de una temporada de máxima responsabilidad. El panorama para 2026-27, sin embargo, cambia por completo: Philadelphia fichó a LeBron James (2 años, 8 millones de dólares) y traspasó por Jaylen Brown en las mismas horas, además de sumar a Anfernee Simons como refuerzo adicional de backcourt. Maxey pasa de ser la única estrella disponible a compartir minutos, balón y protagonismo con Embiid, LeBron y Brown a la vez. Es razonable esperar que su volumen de tiro baje respecto a la temporada anterior, aunque su eficiencia y su nivel de talento puro no deberían verse mermados. El interrogante real para Maxey de cara a la temporada que viene no es cuánto vale, sino qué rol exacto le van a dar dentro de ese nuevo reparto de estrellas.
8. Jamal Murray (DEN)
Murray mantuvo un 31.1% de tasa de asistencia y un BPM de 4.1 la pasada temporada, cifras que confirman su rol como generador secundario ideal junto a Nikola Jokić en una Denver que terminó 54-28. Su capacidad para crear su propio tiro en momentos de bloqueo defensivo —cuando los rivales cargan toda su atención sobre Jokić— sigue siendo uno de los activos más valiosos del equipo. Este verano, Denver reforzó su banquillo con la incorporación de DeMar DeRozan, seis veces All-Star, en un contrato de un año al mínimo de veterano tras perder a Peyton Watson en un traspaso a Cleveland. Ese fichaje le da a Murray más margen de descanso y menos responsabilidad de generación en los minutos que no comparte con Jokić. Con Aaron Gordon como pieza ya asentada del núcleo, Denver entra en 2026-27 con una de las plantillas más completas y experimentadas de la Conferencia Oeste. Murray, a estas alturas de su carrera, es una pieza contrastada en la que la franquicia confía plenamente en los momentos grandes.
9. LaMelo Ball (MIN)
Ball mantuvo una tasa de asistencia del 42.6% la pasada temporada con Charlotte, una de las cifras más altas de la liga entre bases, aunque acompañada de altibajos defensivos que limitaban el techo competitivo de su equipo. El gran cambio de su carrera llegó este verano: Minnesota lo adquirió en un traspaso a cambio de Naz Reid y futuras rondas de draft, sacándolo de un proyecto sin ambición real y llevándolo a un equipo de playoffs consolidado. Por primera vez, Ball comparte vestuario con una estrella de nivel similar o superior, Anthony Edwards, en lugar de ser la única referencia ofensiva de una plantilla en reconstrucción. Ese cambio de contexto pesa mucho en esta clasificación: su producción bruta puede bajar ligeramente al compartir balón, pero su valor real dentro de un equipo competitivo debería subir. Minnesota llega además de dos finales de conferencia consecutivas, así que Ball entra directamente en la conversación de contender por primera vez en su carrera. Es, junto a Maxey, el caso más claro de esta lista de un jugador cuyo entorno cambia radicalmente su proyección para la temporada que viene.
10. James Harden (LAC)
A sus 36 años, Harden mantuvo un BPM de 3.9 la pasada temporada y una tasa de asistencia superior al 34%, cifras que confirman que sigue siendo uno de los mejores generadores de juego de la liga pese al paso del tiempo. Su capacidad para leer defensas y encontrar el tiro correcto para sus compañeros no ha disminuido, incluso cuando su explosividad física ya no es la de sus mejores años en Houston o Brooklyn. La duda real para 2026-27 es puramente física: cuánto puede seguir sosteniendo ese nivel de producción a medida que se acerca a los 37 años. Aun así, su lectura de juego lo mantiene en el top 10 por delante de generadores más jóvenes y explosivos.
Menciones honoríficas
Fuera del top 10 pero muy cerca de él, tres nombres merecen mención aparte. Stephon Castle, en su segundo año, ganó protagonismo durante la carrera de los Spurs hasta las Finales junto a Wembanyama y Fox, y si dobla su producción de playoffs esta temporada podría colarse en una futura revisión de este ranking. Trae Young fue traspasado de Atlanta a Washington en enero (a cambio de CJ McCollum y Corey Kispert) y ya ha firmado allí una extensión de cuatro años y 212.8 millones de dólares, blindando su futuro pese a aterrizar en un proyecto de equipo bastante más débil que el de Atlanta. Y Jrue Holiday, con una tasa de asistencia del 32.1% pese a jugar solo 53 partidos la pasada temporada, sigue siendo uno de los bases más completos defensivamente de toda la liga, pieza clave del renacer de Portland junto a Lillard, Morant y Avdija.
Durante la pretemporada de la NBA es habitual que un equipo firme a un jugador y lo corte en el mismo día. Este procedimiento no es un error, sino un mecanismo regulado para gestionar la plantilla y el desarrollo de jugadores.
En temporada regular, cada franquicia puede tener hasta 15 jugadores con contrato estándar y 3 con contrato dual, pero en pretemporada este límite aumenta a 20 o 21 para evaluar a más jugadores en el training camp.
La clave está en la figura del «jugador afiliado». Un equipo puede designar hasta cuatro jugadores cortados como afiliados, lo que permite que pasen automáticamente al equipo filial en la G League, siempre que sus derechos no pertenezcan a otro club. Si el jugador tiene sus derechos de retorno en otro equipo de la G League, se realizan traspasos para adquirir esos derechos antes de firmar y cortar al jugador, como ocurrió con Isaiah Wong y Dwight Murray Jr. en los Nets.
Además, la mayoría de estas firmas se realizan con contratos Exhibit 10, que son acuerdos de un año al salario mínimo sin garantías, pero con un bonus opcional de hasta 91.000 dólares. Este bonus se paga solo si el jugador, tras ser cortado, se compromete a jugar al menos 60 días en el filial de la G League, incentivando así que permanezca en el sistema de desarrollo de la NBA en lugar de buscar oportunidades en Europa o Asia.
Existe una tercera opción menos común, en la que el contrato Exhibit 10 se convierte en un contrato dual antes del inicio de la temporada regular, transformando el bonus en salario garantizado para el jugador.
Este mecanismo explica muchas de las noticias recientes sobre firmas y cortes en pretemporada, y muestra cómo las franquicias mantienen el control sobre jugadores jóvenes mientras les ofrecen incentivos económicos para seguir desarrollándose dentro del sistema NBA.
Tyrese Haliburton, jugador de Indiana Pacers, sufrió una grave lesión al romperse el tendón de Aquiles en el primer cuarto del Juego 7 de las Finales de 2025 ante el Thunder. Esta lesión interrumpió su mejor carrera de playoffs y el sueño de un primer título para Indiana.
Antes de la lesión, Haliburton había completado una temporada destacada con un promedio de 18.6 puntos y 9.2 asistencias, llevando a los Pacers hasta el partido decisivo de las Finales contra todo pronóstico. Sin él, el equipo sufrió un desplome hasta un 19-63, uno de los peores registros de la Conferencia Este.
La recuperación de Haliburton no ha sido sencilla. Además de la gravedad de la lesión, tuvo que afrontar un episodio de herpes zóster durante la rehabilitación, que casi le afecta un ojo, y un aumento de peso considerable debido a la medicación. Sin embargo, ha decidido aprovechar este cambio para jugar con más físico, tomando como referencia a Payton Pritchard en cuanto a estilo agresivo.
Recientemente, Haliburton confirmó que ya entrena cinco contra cinco a diario y afirmó que «prácticamente puede decir que está de vuelta», aunque reconoció que aún debe recuperar su ritmo habitual de juego. Fuentes de la franquicia se muestran optimistas sobre su disponibilidad para el inicio de la próxima temporada.
Indiana ha realizado cambios en la plantilla pensando en su regreso, incluyendo la salida de Myles Turner y la incorporación de Ivica Zubac, Kelly Oubre Jr. y Larry Nance Jr. para aportar versatilidad y profundidad. No obstante, ninguna de estas incorporaciones puede sustituir la visión de pase, el ritmo y la capacidad de generar tiro que Haliburton aportaba al equipo.
La próxima temporada será clave para determinar si Haliburton puede recuperar su versión anterior y liderar a los Pacers hacia un nivel competitivo similar al que mostraron en 2025.
El caso de Jalen Duren, que aún no ha renovado con Detroit Pistons a pocas semanas del inicio de la pretemporada, pone de relieve las limitaciones del sistema de agencia libre restringida en la NBA. Un análisis de Keith Smith, de Spotrac, confirma que este mecanismo apenas otorga poder de negociación real a los jugadores.
En la última década, solo se han firmado siete ofertas de otros equipos a jugadores en agencia libre restringida, y únicamente tres de estas no fueron igualadas por el equipo original. Solo un jugador seleccionado en primera ronda ha firmado una oferta de otro equipo bajo el convenio actual. Este verano, los casos de Spencer Jones y Moussa Cissé terminaron con sus ofertas igualadas por sus respectivos equipos, sin alcanzar cifras significativas.
El motivo por el que los equipos rara vez presentan ofertas es que deben estar casi seguros de que el equipo original no igualará la oferta, ya que de lo contrario pierden espacio salarial o excepciones sin obtener nada a cambio. Las restricciones crecientes en los límites salariales hacen que pocas franquicias asuman ese riesgo.
La alternativa del traspaso con firma incluida (sign-and-trade) es aún menos común. Solo tres agentes libres restringidos han cambiado de equipo mediante esta vía bajo el convenio actual, y Detroit ha rechazado explícitamente esta opción para Duren esta temporada.
Con ambas vías prácticamente cerradas, lo habitual es que los jugadores renueven con su equipo original. En los últimos años, 37 jugadores han firmado renovaciones con una media de 3,6 años y 66 millones de dólares. Solo tres, Kristaps Porziņģis, Brandon Ingram y Tyrese Maxey, han conseguido el contrato máximo de cinco años reservado a agentes libres restringidos, y en el caso de Maxey la operación fue pactada para preservar espacio salarial, no fruto de una negociación abierta.
En el caso de Duren, la situación refleja que Detroit no está siendo especialmente duro sin motivo, sino que el sistema limita sus opciones. Sin ofertas de otros equipos y con la vía del traspaso descartada, la negociación depende de la decisión de Detroit sobre cuánto está dispuesto a pagar, un escenario similar al de otros jugadores en su situación.
Los Pacers comienzan a mostrar señales de normalidad tras la lesión de Tyrese Haliburton en la pasada temporada. Jay Huff, pívot de 7’1″ y 28 años, ha entrenado durante el verano en Indianápolis y ha podido jugar partidillos junto a Haliburton, quien se perdió toda la temporada 2025-26 por una rotura del tendón de Aquiles.
Huff afronta su segunda pretemporada consecutiva con Indiana tras asegurar su contrato para la temporada 2026-27. Ha aprovechado el verano para ganar músculo y mejorar su tiro exterior, con el objetivo de consolidarse en la rotación interior del equipo.
Por otro lado, Braden Smith, base local y elegido en el puesto 38 del draft de este verano tras un traspaso con Chicago, firmó su contrato dual casi dos meses después de la operación. Smith, máximo asistente histórico de la NCAA, creció cerca de Indianápolis y manifestó su ilusión por representar al equipo de su infancia.
Smith jugará su primera temporada entre los Pacers y su filial en la G League, el Noblesville Boom. Reconoció que quiere mejorar tras una Summer League «floja» y destacó que su progreso depende más de la lectura mental del juego que de aspectos físicos, algo que encaja con el estilo de ataque de ritmo alto de Indiana.